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 EL PORVENIR DE LA ENOLOGÍA.
Autor: Adrián García.
Fotos por: Enrique Fuentes/Adrián García.

La Estación de Oficios.







La Estación de los Oficios, mejor conocida como “La Escuelita”, es un proyecto que apoya a nuevos productores de vino de toda la región.

¿Ha imaginado alguna vez hacer su propia producción vinícola, y tomar todas las decisiones enológicas, tales como la variedad de la uva, el tipo de levadura para la vinificación, o la proveniencia de las barricas?

Esto dejó de ser ficción, y ahora cada vez más personas tienen a su alcance todo lo necesario para la vinificación, sin que tengan que ser enólogos o expertos viticultores.

Adentrada en el Valle de Guadalupe, se encuentra la Estación de los Oficios de El Porvenir, uno de los más innovadores proyectos vinícolas de Hugo D’Acosta, enólogo de Casa de Piedra.

Se trata de una escuela de enología, en la que durante cuatro sesiones sabatinas, impartidas normalmente durante el mes de agosto, los alumnos aprenden los principios básicos de la vinificación. Esta preparación culmina con la oportunidad de vinificar media tonelada de uva por cada dos personas.

De esta manera todos los alumnos aprenden de forma teórica y práctica cada uno de los pasos necesarios para la elaboración de un vino: molienda, inoculación (poner levaduras al mosto), prensado y embarricado. Además de todos los cuidados que se deben seguir para conseguir la mejor calidad posible.

Para verificar que todas las operaciones enológicas dentro de esta vinícola experimental se efectúen correctamente, existe una brigada de trabajadores calificados al mando de Thomas Egli, quien es el enólogo titular. De esta forma los alumnos pueden pedir ayuda para efectuar estos procesos.

Pero en La Escuelita no solamente se producen vinos del alumnado, sino también algunas etiquetas que, gracias a su alto nivel de calidad, actualmente son muy reconocidas, como Aborigen y Shimul, así como el vino de la casa: Estación El Porvenir.

Es importante destacar que gracias a este proyecto, es posible divisar en el mercado local, cada vez más etiquetas de productores artesanales, quienes aprenden a hacer el vino de una forma económica, pero sin disminuir la calidad del producto final.

La Escuelita cuenta con algunas pilas de concreto, así como un área con tanques de acero inoxidable, en donde se vinifica la mayoría del vino que ahí se produce, pero también existen algunos espacios techados en los que se pueden disponer algunos tanques de plástico. Es ahí en donde los alumnos que elaboran vino por primera vez ven nacer y evolucionar su vino.

El arquitecto Alejandro D’Acosta, quien a través de diversos materiales relacionados con la enología y viticultura, como piedra, estacas de madera, botellas de vidrio, fragmentos de barricas, y algunas fibras sintéticas, fue el encargado de transformar una antigua fábrica de aceite de oliva en un lugar con detalles extraordinarios en todos sus rincones.

En la entrada principal, sobre una de las paredes, se encuentra un mural del artista plástico Carlos De la Torre, el cual representa claramente el oficio que se desarrolla en ese lugar.

Sin duda se puede afirmar que La Escuelita es uno de los proyectos vinícolas más importantes de la región y a su vez es uno de los más grandes impulsores de la vitivinicultura mexicana.



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